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AUTOENGAÑO

  • mnwodnik
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 1 día


LA CELDA INVISIBLE QUE HABITAMOS SIN SABERLO

El autoengaño, por su mismo nombre, tiende a ser invisible, y no suele presentarse como tensión o conflicto evidente. Tiende a instalarse en la rutina, en las frases que repetimos, en la manera en que explicamos nuestra historia. En medio del día, mientras sostenemos responsabilidades y compromisos, algo en nuestro interior a veces se agrieta… y registra lo que estamos evitando mirar.

En la página 62 de DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA, el autoengaño aparece … veladamente.

¿Te has preguntado alguna vez cómo actúa el autoengaño en tu propia vida?

Máscara y engaño
Máscara

En este artículo exploramos:

1. Autoengaño cuando convertimos la costumbre en identidad

Hay decisiones que un día fueron necesarias. Con el tiempo se vuelven hábito. Más tarde se integran en la narrativa personal: “Yo soy así”, “esto es lo que hay”, “mi carácter es este”.

El autoengaño aparece cuando dejamos de revisar esas afirmaciones. Cuando la costumbre ocupa el lugar de la conciencia.

En consulta es frecuente escuchar historias bien estructuradas. Relatos que parecen coherentes y estables. Sin embargo, al profundizar, emergen pequeñas frases que revelan tensión: “supongo que es normal”, “no tiene tanta importancia”, “ya pasará”.

El cuerpo suele anticiparse a la mente. Un suspiro contenido. Un silencio que se prolonga. Una mirada que se desvía. La inteligencia emocional, cuando está activa, percibe esas señales como información valiosa.

 

2. Autoengaño y los relatos coherentes que nos contamos

No experimentamos el autoengaño como falsedad consciente. Se vive como explicación razonable. Construimos argumentos que nos permiten mantener la estabilidad interna.

La psicología humanista ya señalaba que el ser humano necesita coherencia narrativa. Erich Fromm hablaba de la tendencia a adaptarnos a estructuras externas para preservar la sensación de seguridad. A veces esa adaptación se prolonga más allá de lo que nos nutre.

El relato personal se convierte entonces en refugio. Y revisar ese relato exige valentía.

En la trilogía DETRÁS DEL ARCOÍRIS, Maya y Nicolás atraviesan momentos en los que la rutina adquiere un peso imperceptible y a la vez bloquea la transformación. Sin embargo, la repetición no se percibe como estancamiento; se vive como estabilidad. Hasta que algo empieza a incomodar.


3. Autoengaño en los patrones familiares que repetimos

Desde una mirada sistémica, el autoengaño no pertenece únicamente al individuo. Se inscribe en dinámicas relacionales.

En algunas familias, determinados temas no se nombran. Se preserva una apariencia de armonía mientras ciertos conflictos permanecen implícitos. En otras, un miembro concentra la tensión colectiva y queda identificado como “el problemático”, absorbiendo emociones que el sistema no distribuye para seguir habitando ese engaño que vela por las necesidades como la pertenencia o la honradez.

Cuando el autoengaño opera a nivel familiar, la narrativa compartida protege el equilibrio del grupo. Cuestionarla requiere mucha valentía y una conversación más amplia y profunda.

Reconocer estos movimientos no busca señalar culpables. Amplía la comprensión. Permite observar cómo cada generación hereda formas de callar, de explicar o de minimizar.


4. Autoengaño y la comunicación que evita lo esencial

El autoengaño también se manifiesta en la forma de comunicarnos. Hablamos, muchas veces, de hechos secundarios mientras lo esencial permanece sin nombrar.

La comunicación consciente propone un movimiento distinto: describir lo ocurrido, identificar la emoción, INTELIGENCIA EMOCIONALreconocer la necesidad y formular una petición clara. Este enfoque, desarrollado por Marshall Rosenberg, estructura el diálogo de manera que la experiencia interna tenga espacio.

Cuando expresamos: “Me siento decepcionado porque necesito reconocimiento”, introducimos verdad en la conversación. La emoción de queja deja de circular en silencio.

En DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA se formula de manera directa:

✦ Así lo leí en Detrás del arcoíris. La Sabiduría (p. 62):

“El autoengaño no tiene barrotes, tiene excusas.”

La frase señala hacia dónde dirigirnos, qué explorar. Nos invita a mirar con atención las justificaciones que nos repetimos.

Con los años acompañando procesos terapéuticos, he observado que cuando alguien identifica su excusa más arraigada, emerge una mezcla de incomodidad y alivio. No se produce necesariamente un cambio inmediato. Se abre un espacio de mayor honestidad.

El autoengaño suele proteger zonas sensibles de la biografía. Al reconocerlo, no desaparece el miedo, pero sí se amplía la conciencia.


Quizá hoy puedas preguntarte, con serenidad: ¿qué frase repites para mantenerte donde estás? ¿Qué parte de tu relato merece ser revisada con mayor delicadeza?

El autoengaño no se desmantela con prisa. Se disuelve cuando la mirada se vuelve más lúcida y más amable a la vez.

Si deseas profundizar en tu proceso personal prueba...

o leer más sobre el libro pinchando aquí...

Detrás del Arcoíris La Sabiduría
Detrás del arcoíris La sabiduría


 
 
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