VIVIR CON AUTENTICIDAD DUELE… TAMBIÉN LIBERA
- mnwodnik
- hace 22 horas
- 4 Min. de lectura
A veces, una verdad pronunciada sin filtro —una frase simple, directa, inesperada— abre un espacio nuevo en nuestra mente, en el alma y en nuestra marea de pensar, actuar, relacionarnos con los demás y darle sentido a nuestra vida. Abrirnos a vivir con autenticidad es como una grieta de luz en el muro que – tal vez- llevábamos años defendiendo. Y aunque escueza, aunque remueva lo antiguo y nos desoriente, vivir con autenticidad nos limpia.
¿Te has preguntado qué ocurre dentro de ti cuando eliges vivir con autenticidad?
En este artículo exploramos:
1. VIVIR CON AUTENTICIDAD CUANDO EL EGO TODAVÍA PROTEGE LO FALSO
Durante la infancia, aprendimos a ocultar lo que dolía. A construir una estructura —un personaje, una pose, una sonrisa— que nos diera pertenencia. Aquello que fue refugio se convirtió, con los años, en disfraz. Y desde ahí, sin darnos cuenta, empezamos a habitar vínculos donde la verdad no tenía espacio. Vivir con autenticidad comienza por sospechar de esas partes que creemos que “somos”, pero en realidad son solo el mecanismo o la estrategia que tejimos para sobrevivir y sentirnos queridos.
Como si al levantar la máscara temblara el suelo, el ego se aferra por miedo. Miedo al dolor y a sufrir. Pero cuando nos atrevemos a mirar lo que hay debajo —y a mostrarlo— algo más profundo empieza a sostenernos. Algo que no depende del exterior. A veces nos encontramos con aspectos olvidados, anhelados, extraviados de nosotros mismos.
2. Vivir con autenticidad sin traicionarnos ni traicionar
A veces creemos que decir la verdad es herir. Que el silencio protege. Que mentir por amor es válido. Y, sin embargo, ¿cuánto se deterioran las relaciones cuando se vive a medias? Vivir con autenticidad no se basa en la brusquedad ni frialdad. Es una danza fina entre mostrarnos y cuidar. Entre ser sinceros, “sin sinceridios” y estar presentes.
Cuando evitamos lo real para preservar la imagen o evitar el dolor propio o del otro, lo que traicionamos no es tanto a quien callamos, sino al vínculo mismo. La autenticidad se brinda, se ofrece sin apego a que sea aceptada por el otro. Y al hacerlo, deja una marca de respeto invisible.
3. Vivir con autenticidad como acto de limpieza relacional
Permíteme que te cuente lo que ocurrió en aquella cena. Algo se limpió sin necesidad de discursos o confrontación. Sara, niña dijo la verdad. Y la atmósfera cambió. Además de su espontaneidad, se expresó sin censura, sin pedir permiso.
Porque a veces no se trata de grandes confesiones. Se trata de pequeños gestos que restablecen la dignidad de estar juntos sin necesidad de actuar. Cuando dejamos de fingir que estamos bien, que no duele, que no pasa nada, dejamos espacio a que lo otro —lo que sí pasa— también sea bienvenido. Vivir con autenticidad es el antídoto contra la saturación emocional, la defensividad y la huida -manifestada o no- que provoca la omisión.
✦ Así lo leí en DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA (p. 39):
“La verdad duele, pero no corrompe; la mentira y la huida degradan la conciencia”.
4. Vivir con autenticidad cuando el personaje ya no nos sirve
Nicolás quiso proteger a su madre y a su hija. Pero en ese intento por suavizar la dolorosa realidad- la enfermedad de su hija-, mantuvo un sistema entero sostenido en la ocultación.Lo hizo desde un amor que aprendió sin cuestionar, desde un modelo familiar donde el silencio se ejercía con la intención de cuidar, de proteger. Pero el peso de esa expectativa —la de no preocupar, la de ser el fuerte— lo alejó de sí mismo y de las personas que más quería.
¿Cuántas veces sostenemos una imagen que ya no nos sirve, solo porque creemos que es lo que los demás esperan de nosotros, o porque inferimos que no son capaces de encajar la realidad tal cual es?
Y, más profundamente, ¿cuántas veces creamos esa expectativa en el otro para mantenernos encerrados en el personaje que el ego nos impuso? Pero también podemos establecer contacto.
Vivir con autenticidad es renunciar a esa cárcel. Dejar de alimentar la narrativa que hicimos de nosotros mismos y de las capacidades o madurez del otro. Abrir una fisura. Y permitir que el amor no se apoye en la omisión de lo que es como es, sino en la verdad, incluso cuando tiembla.
5. Vivir con autenticidad sin exigirle perfección a la verdad
No toda verdad sana. No toda verdad se dice bien. Pero hasta las verdades torpes, dichas con inseguridad, abren puertas donde la mentira cerraba ventanas. Vivir con autenticidad tiene que ver con habitarse. Y permitir que lo real —aunque incompleto, aunque desordenado— tenga lugar. Se trata de no esconder lo que somos. De vivir en paz con la posibilidad de ser vistos tal cual somos. Sin proteger a los demás de lo que también es humano en nosotros.
🌿 Cierre contemplativo
Quizá la reflexión no sea tanto si estás siendo auténtico. Quizá la pregunta es:¿Qué parte de ti está necesitando tu atención para mostrarse, tal vez cansada de actuar?
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