SOLTAR EL MIEDO
- mnwodnik
- hace 3 horas
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CUANDO EL VACÍO EMPIEZA A SOSTENER
Soltar el miedo no suele ser sencillo, ni tampoco fruto de una decisión puntual y clara.A veces comienza como un cansancio profundo. Como una sensación de que seguir sosteniendo un deseo ya no se puede.
Te descubres pensando que necesitas dejar esa relación, abandonar esa expectativa, renunciar a aquello que parecía imprescindible en tu vida. Y, sin embargo, algo dentro sigue en la dificultad, temblando. ¿Qué es lo que realmente estamos soltando cuando intentamos soltar el miedo?
Hay deseos que nos habitan con naturalidad. Otros se vuelven urgentes, casi defensivos. Cuando la vida cambia y ese deseo ya no puede cumplirse, aparece una grieta. Y en esa grieta, surge el miedo.
En este artículo exploramos:
1. Soltar el miedo cuando la renuncia se vive como pérdida
En la consulta, la palabra “renuncio” rara vez suena a libertad.Suele venir acompañada de una mirada cansada, incluso agotada. De una historia, una lucha que no ha salido como se esperaba.
La persona cree que renuncia al deseo.Pero lo que aparece en la experiencia es una sensación casi de amputación. Como si al dejar de pelear/luchar por aquello que quería, se extraviara también una parte de sí.
Aquí conviene detenerse.
Porque el sufrimiento no procede solo del objeto perdido, sino del miedo que ese objeto calmaba: miedo a no ser suficiente, a quedarse solo, a no tener un lugar o no pertenecer. El deseo funcionaba tal vez como refugio que protegía de la incertidumbre o de lo temido.
David R. Hawkins habló de un movimiento interior que no consiste en forzar el desapego, sino en permitir que la emoción difícil se despliegue sin resistencia. Cuando la emoción es combatida, se intensifica. Cuando es acogida, empieza a transformarse.
Soltar el miedo tiene que ver con dejar de luchar contra la experiencia que emerge cuando se inicia el des-apego.
2. Soltar el miedo comprendiendo lo que el deseo protegía
Muchos deseos nacen de una herida antigua como intentos de autorregulación.
Querer que alguien permanezca puede estar sosteniendo el miedo a repetir un abandono. Necesitar reconocimiento puede estar calmando una antigua sensación, y tal vez un profundo dolor de invisibilidad.
Sin embargo, el corazón se vuelve sabio cuando aprende a sostener su propio dolor con respeto y aceptación. Es precisamente por esto que lejos de eliminar el deseo, se trata de escuchar lo que está pidiendo. Aprender a gestionar nuestras emociones difíciles es un gran paso hacia la paz interior.
Cuando comprendemos qué parte vulnerable estaba protegida por ese apego, el deseo pierde avidez de ser satisfecho y por tanto rigidez. Ya no necesita imponerse. Empieza a aflojarse desde dentro.
Y, de forma casi imperceptible, se inicia el proceso de soltar el miedo.
3. Soltar el miedo atravesando el vacío fértil
Hay un momento delicado en el que lo antiguo ya no sostiene y lo nuevo todavía no ha nacido. Ese espacio nos puede asustar.
✦ Así lo leí en el capítulo 24 de DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA (p. 229):
ENTRE PÉRDIDAS Y HALLAZGOS SE DIBUJA UN VACÍO FÉRTILA veces, cuando todo aparenta desordenarse, se abre la posibilidadde ver con nuevos ojos. Toda crisis consciente noshace una doble llamada: soltar y comprender.Soltar lo que ya no nos alimenta: apegos, falsas creencias oengaños de la mente desenfrenada.Comprender, desde la autocompasión, cómo nos dañamos;conectar con la esencia de lo que somos y mirar con humildad loque aún permanece oculto.De esta manera se crea un terreno fértil para la renovaciónque, tal vez, anhela nuestra voz más sabia.
El vacío no siempre es ausencia. A veces es espacio en el que algo más verdadero puede tomar forma. Pero para que eso ocurra, el miedo necesita ser reconocido.
Soltar el miedo implica permanecer un tiempo en esa intemperie sosteniendo la ambigüedad, sin apresurarse a rellenarla.
4. Soltar el miedo en el acompañamiento terapéutico
Recuerdo a una mujer que acudió diciendo que quería “desapegarse”. Lo decía con firmeza, casi con disciplina. Sin embargo, al profundizar, apareció algo más frágil: miedo a no ser elegida de nuevo.
Durante semanas no trabajamos el desapego. Trabajamos la vulnerabilidad. La historia de rechazo. La sensación de no ser suficiente.
Con el tiempo, el deseo dejó de sentirse urgente. Si bien no desaparecía el deseo de amor, se aflojaba el miedo que lo alimentaba, sencillamente por había sido mirado.
Como sugiere David R. Hawkins, la transformación ocurre cuando dejamos de resistir la experiencia interna. Y como señala Jack Kornfield, el corazón aprende a confiar cuando ha sido acompañado en su vulnerabilidad.
Es sabio soltar la ilusión de que soltar el miedo no es un acto abrupto. Más bien es un proceso de integración.
A veces comienza con una pérdida.Continúa con comprensión.Y se abre, lentamente, a una forma más amplia de estar en la vida.
Quizá la pregunta no sea cómo desprendernos de nuestros deseos, sino cómo escuchar el miedo que los sostiene sin apartar la mirada.
Y permitir que, en ese espacio, algo más sereno empiece a nacer.
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