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CUANDO MEDITAR NO CALMA:

  • mnwodnik
  • 30 may
  • 5 min de lectura

TRAUMA Y PRÁCTICAS CONTEMPLATIVAS


Hay momentos en los que buscamos silencio y encontramos inquietud. Nos sentamos, cerramos los ojos, seguimos la respiración y, en lugar de la serenidad prometida, aparece una sensación difícil de explicar. Cuando meditar no calma, el cuerpo se tensa. La mente se acelera. Algo molesta, incordia sin que sepamos muy bien qué es.

¿Meditar calma?
¿Meditar calma?

Muchas personas llegan a consulta con esta experiencia. Han leído sobre los beneficios de la meditación, conocen sus efectos sobre el bienestar emocional y desean incorporar una práctica contemplativa a su vida. Sin embargo, descubren que meditar no siempre trae serenidad inmediata. ¿Qué ocurre cuando meditar no calma?


La pregunta merece una reflexión pausada, especialmente en una época en la que la meditación suele presentarse como una herramienta universal, válida para cualquier persona y en cualquier circunstancia.

En este artículo exploramos:


1. Cuando meditar no calma: el lenguaje oculto del sistema nervioso

La experiencia traumática deja huellas, aunque no siempre son visibles. Con frecuencia pensamos en el trauma como un acontecimiento extraordinario, cuando también puede construirse lentamente a través de pérdidas, inseguridad emocional, vínculos impredecibles o largos periodos de estrés sostenido.

El organismo aprende a adaptarse a esas circunstancias. Desarrolla estrategias de supervivencia, mantiene la vigilancia y organiza sus recursos para protegernos. Muchas veces lo hace de forma tan eficaz que apenas somos conscientes de ello.

Cuando una persona se sienta, con la intención de aquietar la mente, después de años viviendo en alerta, la quietud puede convertirse en un territorio amenazante, tal vez por desconocido. La ausencia de estímulos externos deja espacio para que aparezcan sensaciones, recuerdos o emociones que habían permanecido en segundo plano.

Las heridas emocionales continúan expresándose mucho tiempo después de los acontecimientos que las originaron. Desde esta perspectiva, algunas reacciones que surgen durante la meditación no representan un fracaso de la práctica, sino una manifestación de la inteligencia adaptativa del propio sistema nervioso.

Quizá la pregunta no sea por qué la meditación no funciona, sino qué está intentando comunicar el cuerpo cuando la calma aún no resulta accesible.


2. Cuando meditar no calma: la búsqueda de seguridad antes que de serenidad

En el ámbito clínico observamos con frecuencia que la regulación emocional necesita apoyarse en una experiencia previa de seguridad.

La serenidad no suele aparecer porque la deseemos intensamente. Surge cuando el organismo percibe que existen condiciones suficientes para relajarse.

Algunas personas descubren que pueden permanecer presentes durante unos minutos mientras caminan, contemplan un paisaje o escuchan una voz cercana. Sin embargo, experimentan gran dificultad cuando intentan sostener largos periodos de silencio. Lejos de ser una contradicción, esta diferencia aporta información valiosa sobre la manera en que cada persona se relaciona consigo misma y con su historia.

Pema Chödrön ha escrito sobre la dificultad de permanecer junto a aquello que nos incomoda. Su mirada invita a reconocer que la apertura interior no siempre es confortable y que la práctica contemplativa requiere dosis importantes de amabilidad y paciencia con uno mismo.

La seguridad emocional rara vez nace de la exigencia. Se desarrolla en relaciones donde existe presencia, escucha y respeto por el ritmo de cada proceso. También puede cultivarse en espacios terapéuticos que permiten acercarse a las experiencias internas sin sentirse desbordado por ellas.

Meditar calma
¿Meditar calma?

3. Cuando meditar no calma: lo que el silencio trae a la superficie

El silencio posee una cualidad reveladora.

A veces ofrece descanso. Otras veces ilumina aspectos de nosotros mismos que habían permanecido ocultos bajo la actividad cotidiana.

Durante una práctica contemplativa pueden emerger emociones antiguas, recuerdos olvidados o estados internos difíciles de comprender. Algunas personas experimentan tristeza. Otras sienten rabia, miedo, vacío o desconexión. También es frecuente que aparezcan lágrimas sin una explicación inmediata.

Desde la psicología integrativa entendemos que mente, cuerpo y emociones forman parte de un mismo sistema. Lo que no encuentra espacio para ser expresado suele buscar otros caminos para manifestarse.

David Hawkins reflexionó ampliamente sobre la importancia de reconocer y permitir determinadas emociones en lugar de mantener una lucha constante contra ellas. Erich Fromm, por su parte, señaló cómo la adaptación excesiva puede alejarnos de nuestra experiencia más auténtica.

En ocasiones, la práctica contemplativa abre una puerta hacia ese territorio interior que había quedado relegado durante años. No para generar sufrimiento, sino para favorecer un encuentro más profundo con la propia realidad.

✦ Así lo leí en Detrás del arcoíris. La Sabiduría (cap. 13):

«La incomodidad como antesala de la evolución»

Hay experiencias que transforman precisamente porque nos invitan a permanecer cerca de aquello que solemos evitar. La incomodidad no siempre anuncia peligro. En determinadas etapas de la vida puede señalar que algo importante está intentando reorganizarse en nuestro interior.


4. Cuando meditar no calma: una historia de consulta

Recuerdo a una mujer que acudió a consulta convencida de que estaba haciendo algo “mal”.

Había leído numerosos libros sobre meditación, asistido a cursos y participado en varios retiros. Escuchaba a otras personas describir estados de paz y claridad, mientras ella vivía una experiencia completamente distinta. Cada vez que cerraba los ojos aparecía una sensación de amenaza difícil de explicar. Su respiración se aceleraba y sentía una necesidad urgente de abandonar la práctica.

Durante las primeras sesiones apenas hablamos de meditación.

Exploramos su historia, sus relaciones y la forma en que había aprendido a gestionar el miedo desde muy pequeña. Poco a poco fue comprendiendo que aquella reacción tenía sentido dentro de su recorrido vital. Su organismo seguía respondiendo a experiencias antiguas que nunca habían encontrado suficiente espacio para ser procesadas.

Empezamos trabajando con recursos sencillos: percibir el contacto de los pies con el suelo, orientarse en el entorno, reconocer señales de seguridad presentes en el momento actual. Con el tiempo, la quietud dejó de sentirse amenazante.

La meditación volvió a formar parte de su vida meses después como una forma de acompañarse con mayor presencia y comprensión.


5. Cuando meditar no calma: aprender a estar sin forzarnos

Existe una idea profundamente arraigada según la cual el crecimiento personal consiste en avanzar constantemente hacia estados de mayor bienestar.

La experiencia humana suele ser bastante más compleja.

Hay momentos de expansión y momentos de repliegue. Periodos de claridad y etapas de confusión. Instantes de paz y otros en los que el dolor necesita ser escuchado antes de transformarse.

José González Fernández, especialista en duelo, ha destacado la importancia de respetar los tiempos internos de cada proceso. Las pérdidas significativas no responden a calendarios preestablecidos. Lo mismo ocurre con muchas heridas emocionales.

La práctica contemplativa puede convertirse en un espacio extraordinariamente valioso cuando se desarrolla desde la curiosidad, la compasión y el respeto por los propios límites. No como una exigencia añadida, sino como una forma de presencia.

Quizá la verdadera pregunta tenga más que ver con la manera en que nos relacionamos con aquello que sentimos cuando la calma todavía no ha llegado.

Algunas veces el silencio nos lleva a descansar y otras veces revela lo que está por ser expresado. Incluso, de vez en cuando, nos permite reconocer partes de nosotros mismos que llevaban mucho tiempo esperando ser escuchadas.

Tal vez ahí resida una de las formas más profundas de la contemplación.

En aprender a permanecer cerca de nuestra experiencia con honestidad, humanidad y cuidado.

Si este tema resuena contigo, puedes solicitar acompañamiento profesional conmigo

o adentrarte en la historia de Maya, Nicolás y Sara

Detrás del arcoíris. La Sabiduría



 
 
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