top of page

Heridas de la infancia

  • mnwodnik
  • hace 15 horas
  • 4 min de lectura

por qué siguen doliendo en el aquí y ahora

Hay heridas que creemos superadas simplemente porque ha pasado el tiempo.

Solemos pensar en las heridas de la infancia como algo puntual: la herida del rechazo, la del abandono, la de la humillación. Como si cada persona cargara con una sola, bien delimitada, fácil de nombrar. La realidad, en la mayoría de los casos, es distinta: convivimos con varias heridas a la vez, entrelazadas entre sí, y muchas veces sin ser del todo conscientes de que siguen actuando hoy con la intensidad que el día en que se produjeron.

Si sientes que ciertas reacciones tuyas —una rabia desproporcionada, un miedo que no encaja con la situación, una necesidad urgente de aprobación— parecen venir de mucho más atrás que el presente, este texto es para ti.

Heridas de infancia
Heridas de infancia

En este artículo exploramos:

1.          Heridas de la infancia: qué son y por qué casi nunca es solo una

2.          Heridas de la infancia: por qué siguen operando en el aquí y ahora

3.          Heridas de la infancia: el kintsugi de sanar sin borrar la cicatriz

4.          Heridas de la infancia: Jung, el ánima, el ánimus y cómo Maya y Nicolás lo trabajan en terapia

5.          Heridas de la infancia: por qué entender no es lo mismo que transformar


1. Heridas de la infancia: qué son y por qué casi nunca es solo una

Cuando hablamos de heridas de la infancia, normalmente pensamos en una categoría concreta: rechazo, abandono, humillación, traición, injusticia. Y es cierto que, en algunos casos, se ve con bastante claridad cuál predomina —una herida de abandono instalada en los primeros años de vida, por ejemplo—. Pero en la mayoría de las personas la realidad es menos ordenada: no hay una sola herida limpia y aislada, sino una mezcla de varias, superpuestas, que se activan según el contexto y la relación.

Asumir esto —que probablemente cargamos con más de una— es ya un primer gesto de honestidad hacia una misma. Nos permite dejar de buscar una etiqueta única que lo explique todo y empezar a mirar con más amplitud qué nos duele, y cuándo.


2. Heridas de la infancia: por qué siguen operando en el aquí y ahora

Gran parte del trabajo interior pasa por entender nuestras heridas más primitivas. Esas heridas no se quedaron en el pasado: siguen operando en el presente, a veces con la misma intensidad que cuando se produjeron.

Radiografiarlas con precisión —saber nombrarlas, ubicarlas, reconocer cuándo se activan— es el primer paso para sanar. También es probable que estas heridas no desaparezcan del todo nunca. Siempre quedará, aunque sea, una ligera cicatriz que recuerde el origen del dolor. Requieren de un trabajo de gestión emocional.


3. Heridas de la infancia: el kintsugi de sanar sin borrar la cicatriz

El kintsugi japonés repara los objetos rotos poniendo oro en las grietas, en lugar de disimularlas. Lejos de esconder la fractura, la valora. Ese es, quizás, el mejor símbolo para el trabajo con nuestras heridas de infancia.

Somos lo que somos tanto por lo que nos pasó como a pesar de lo que nos pasó. Y, sobre todo, somos lo que hemos hecho con aquello que ocurrió. Sanar no es borrar la herida ni fingir que nunca existió: es poner algo valioso ahí donde antes solo había una fractura. Esto se hace con amor. Muchas veces sanando la autoestima y el autoconcepto.

«La verdadera patria del hombre es la infancia», escribió Rilke.


4. Heridas de la infancia: Jung, el ánima, el ánimus y cómo Maya y Nicolás lo trabajan en terapia

Carl Jung aportó una clave que ayuda a entender por qué algunas de estas heridas se repiten, casi con guion propio, en nuestros vínculos adultos: el ánima y el ánimus. Se trata de la imagen interna inconsciente del progenitor del sexo contrario, forjada en la infancia, que seguimos proyectando —sin saberlo— sobre las personas que elegimos amar.


En DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA, Maya y Nicolás trabajan precisamente esto en terapia: cómo esa imagen interna, formada mucho antes de conocerse, sigue operando en su relación de pareja.

✦ Así lo leí en DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA (p. 127):

“Repasamos el significado de “ánima” y “ánimus”. La imagen interna inconsciente del progenitor del sexo contrario forjada en la infancia. Para el niño la figura materna y para la niña la paterna. Maya se levantó y en la pizarra escribió en mayúsculas: MI ÁNIMUS ES PODEROSO, COMPETENTE, OSADO Y FIRME”.

Conviene darle espacio, en el presente, a ese niño o niña que en su momento no supo —o no pudo— expresarse. No para quedarnos ahí instalados, sino para, desde ese reconocimiento, confiar en que podemos llegar a lugares mucho más luminosos.

Recordar lo que ocurrió en la infancia nos ayuda a entender mejor nuestras acciones, pensamientos y emociones de hoy. Nos permite, de alguna forma, legitimar un dolor o una rabia que quizás llevábamos años sin nombrar. Y, muchas veces, hace que disminuya la culpa que cargábamos sin saber muy bien por qué.


5. Heridas de la infancia: por qué entender no es lo mismo que transformar

Entendernos mejor es el primer paso para cambiar. Pero después toca continuar el proceso, y para eso hacen falta tiempo y paciencia.

Nuestro aquí y ahora depende del allí y entonces. Entender, integrar y aceptar es lo que nos permite ir quitando los obstáculos que impiden que nuestra esencia vuelva a florecer. Es un camino largo, no siempre lineal, y en ocasiones hace falta recorrerlo con los apoyos adecuados.

Si te reconoces en este proceso y sientes que es momento de mirar tus propias heridas con acompañamiento, puedes solicitar una sesión conmigo.


O adentrarte en la historia de Maya, Nicolás y Sara en Detrás del arcoíris. La Sabiduría

Detrás del Arcoíris La Sabiduría
Detrás del Arcoíris La Sabiduría


 
 
bottom of page