ACTUAR SEGÚN TUS VALORES
EN CONFLICTOS DE PAREJA Y FAMILIA
Actuar según tus valores en un momento delicado significa elegir la respuesta que podrás sostener dentro de unos años. Tal vez ahora el cuerpo te empuje a defenderte, a ganar, disolver tu opinión o huir. Una discusión de pareja que se repite, una conversación familiar donde cada uno tiene su verdad y reticencia a expresarla, alguien que cruza un límite de respeto para nosotros o el reparto de una herencia, entre muchos otros. En esos momentos podemos reaccionar y dejarnos llevar por la amígdala, la gran protagonista que salta para garantizar nuestra supervivencia. Sin embargo, actuar según tus valores, esto es un buen hacer, funciona como un refugio: no nos ahorra el dolor, pero nos devuelve a nuestro ser y nos facilita estar en paz con quienes queremos ser también cuando nuestro entorno, pareja, familiar dispara nuestros miedos.
En la consulta lo escucho a menudo: «No me reconozco», «nunca pensé que acabaríamos así por un piso», «Con mi pareja siempre terminamos en la misma discusión», «Otra vez me lamento de mí mismo: digo o me callo, hago algo de lo que luego me arrepiento». En este artículo exploramos qué ocurre por dentro cuando nos alejamos de nuestros valores, por qué las herencias, la pareja y los desacuerdos familiares tocan fibras tan antiguas y cómo podemos responder, en lugar de reaccionar, en situaciones desconcertantes o abusivas.
1. ¿Qué significa actuar según tus valores en un conflicto?
Los valores no son normas ni metas que se cumplen. Desde la terapia de aceptación y compromiso, podemos comprender los valores como “direcciones” que nos marcan un camino: la honestidad, el cuidado, la justicia o la lealtad se parecen más a una brújula que a un destino. Nadie se convierte en un «ser honesto» de un día para siempre; más bien vamos eligiendo, gesto a gesto, caminar hacia nuestra meta.
Esta distinción tiene consecuencias prácticas. Cuando confundimos valores con resultados, el conflicto tiende a convertirse en una batalla, guerra o competición: si mi hermano se queda con la casa, ¿he perdido?; si no reconocen que yo tenía razón, ¿se comete una injusticia? Cuando entendemos los valores como dirección, la pregunta cambia de lugar y retorna a nosotros: ¿cómo me gustaría haber actuado en este conflicto cuando hayan pasado diez años?
Ese es el refugio del buen hacer. Hay situaciones que escapan a nuestro control, como la avaricia o el orgullo ajenos, un testamento que sentimos injusto o la incomprensión de quien queremos, pero sí podemos cuidar la calidad de nuestra participación en esos contextos. ¿Cómo percibes lo que ocurre? ¿Con la vista de un gorrión hambriento o la visión de un águila que elige cómo, cuándo y hacia qué objetivo se dirige? ¿Y cómo quieres superar, trascender esta situación de conflicto? La meta puede ser más o menos elevada. Centrarte en el poder de la lógica. La justicia terrenal o hacer lo que te corresponde para manifestarte y actuar según tus valores. Tu paz no tiene por qué quedar a merced del comportamiento de los demás. Hay una dignidad serena muy valiosa en reafirmarte cuando optas por actuar según tus valores. Podemos sentirnos en paz: “Hice lo que estaba en línea con mis valores ante causas y condiciones ajenas a mí.
2. ¿Por qué cuesta actuar según tus valores en una herencia?
En relaciones conflictivas de pareja o familia, pocas situaciones despiertan tantos fantasmas como el reparto de una herencia o unos bienes gananciales. Estas imaginaciones amenazantes llegan, casi siempre en pleno duelo, cuando el sistema nervioso ya está desbordado. Con frecuencia, los fantasmas se apoyan en lo tangible: un reloj, la casa del pueblo, unos ahorros. ¿Discutimos por los objetos porque resulta menos complicado que hablar de lo que hemos perdido? Y más aún en un clima de tensión.
Podemos comprender las familias como sistemas que llevan una contabilidad invisible de lo que cada miembro dio y recibió. En una herencia, ese libro de cuentas se abre de golpe. Así, por ejemplo, quien cuidó durante años a una madre enferma siente que su esfuerzo pide reconocimiento; quien vivía lejos teme quedar señalado; quien fue el preferido, o así lo vivieron los demás, carga con una deuda que no eligió; quien fue expulsado teme no tener más oportunidades de ser integrado… etc. ¿El dinero se convierte entonces en el idioma con el que se reclaman afectos antiguos?
Desde la mirada fenomenológica de las constelaciones familiares se observa algo parecido: cuando en un sistema la aportación o la posición de alguien no se reconoce, el malestar tiende a reaparecer en otro lugar y en otro momento, tal vez incluso en la siguiente generación. Así, por ejemplo, las disputas por una herencia de hoy suelen repetir repartos de cariño de tiempos atrás.
Actuar según tus valores en una herencia puede significar pedir lo que consideras justo sin intimidar, amenazar o humillar a nadie, renunciar a algo sin colocarte en el lugar de la víctima o reconocer en voz alta el cuidado que prestó un hermano, sin por ello considerarte menos hijo. Ninguno de estos gestos garantiza que el otro responda igual. Sí preservan algo difícil de medir o cuantificar: la posibilidad de seguir siendo fiel a tus valores y poner el acento en el ser y no en el tener.

3. ¿Cómo actuar según tus valores cuando tu pareja o tu familia no piensan igual?
Hay familias y parejas en las que el desacuerdo se vive como una amenaza. Pensar distinto sobre el cuidado de un padre mayor, sobre el dinero, sobre la educación de los hijos o sobre el tiempo que se dedica a la familia de origen se interpreta como deslealtad. Cuando esto ocurre, solemos repetir sin darnos cuenta el modo de discrepar que aprendimos de pequeños: callar para despertar emociones difíciles en otros, imponernos para no sentirnos pequeños o marcharnos antes de que la tensión crezca, entre otros aprendizajes.
¿Reconoces este patrón en tu manera de abordar los desacuerdos? ¿La forma de vivir las discrepancias que más te marcó era la de las personas que te cuidaban, aquella de la que dependías cuando eras niño o niña? ¿Cómo es tu patrón reactivo?
La teoría del apego ayuda a comprenderlo. Si en la infancia aprendimos que el vínculo peligraba cada vez que mostrábamos una opinión propia, en la edad adulta el desacuerdo activa una alarma antigua. Mencionamos más arriba la amígdala. La ventana de tolerancia es ese margen de activación dentro del cual podemos pensar, sentir y escuchar a la vez. Fuera de ella, el cerebro prioriza la supervivencia, y la conversación en la pareja o familia se convierte en un campo de batalla o en un silencio.
Actuar según tus valores en estos momentos tiene más que ver con cómo sostenemos la diferencia. La Gestalt sitúa el contacto auténtico en la frontera entre lo que yo soy y lo que el otro es, y en esa frontera puede o no abordarse desde un marco sencillo: «Yo lo veo de otra manera y te sigo queriendo». En consulta, he acompañado a hermanos con criterios opuestos sobre el final de vida de sus padres ya inconscientes. Llegan a una decisión compartida cuando dejan de defender posiciones y empiezan a nombrar lo que cada uno teme en un clima de respeto. Debajo de la terquedad hay, casi siempre, miedo a equivocarse con alguien a quien aman.
En la pareja ocurre algo parecido. Una buena parte de los conflictos de pareja no llega a resolverse nunca, porque nace de diferencias de carácter o de historia. Lo que distingue a las parejas que se sostienen con una buena calidad en el tiempo es la manera de dialogar sobre ellos. Actuar según tus valores, en vez de desde la razón, con tu pareja puede significar elegir la curiosidad cuando asoma la discusión de siempre, o reparar a tiempo después de una frase hiriente.
Elegir nuestros valores en las relaciones tiene algo de apuesta sin garantías. No sabemos si el otro responderá con la misma honestidad, ni si las heridas podrán recomponerse.
Así lo leí en la página 249 de DETRÁS DEL ARCOÍRIS. LA SABIDURÍA.
—El gran amor, el que apuesta por ser incondicional, en algún momento se topa con el reto de dar un salto al vacío. Soltar y arriesgar sin vuelta atrás, sin arrepentimiento. Quien apuesta por lo más elevado no se equivoca: ama por AMAR.
Ese salto pide soltar la necesidad de controlar lo que hará el otro; precisamente suele ser lo que más cuesta soltar en la pareja. Cuando la relación hiere, amar de esta manera incluye también cuidarse a uno mismo.
4. ¿Actuar según tus valores ante el abuso significa aguantar?
Aquí el buen hacer se confunde a menudo con la sumisión. Actuar según tus valores ante una situación abusiva no significa tolerarla, justificarla ni quedarse. El cuidado de uno mismo también es un valor. A veces la respuesta más ética consiste en poner distancia, decir no o buscar protección.
La diferencia entre reaccionar y responder está en el pequeño espacio que se abre entre lo que nos ocurre y lo que hacemos con ello. Viktor Frankl, que sobrevivió a los campos de concentración, sostuvo que incluso en las circunstancias más extremas queda una última libertad: elegir la actitud con la que las afrontamos. Ese espacio se entrena precisamente en medio de la urgencia por huir, por contraatacar o por complacer para que el otro se calme.
Desde el mindfulness, ese entrenamiento empieza en el cuerpo: notar el calor en la cara, el nudo en el estómago, la mandíbula apretada, y reconocer que algo dentro de nosotros se ha activado. Nombrarlo, aunque sea en silencio, ensancha un poco el margen. Desde ahí, una respuesta puede ser breve y firme: «Así no voy a seguir esta conversación», «Esto no lo acepto», «Necesito tiempo antes de contestar». No hay brillantez ni victoria en estas frases. Hay coherencia, y la coherencia sirve de escudo.
Responder en lugar de reaccionar tampoco significa que nunca vayamos a perder los papeles. Cuando ocurre, el buen hacer incluye volver: reconocer lo que dijimos desde la herida, reparar si es posible y tratarnos con la misma compasión que ofreceríamos a un bebé o a un anciano. En las situaciones de abuso prolongado, la culpa suele recaer injustamente sobre quien las sufre, y acompañarla con amabilidad forma parte del camino de regreso a uno mismo.
Una última reflexión
Actuar según tus valores en los momentos delicados no nos ahorra el dolor de una división injusta de los bienes ni en pareja ni en una herencia. Actuar según tus valores te brinda un lugar al que regresar cuando todo lo demás resulta amenazante. Puede ser revelador observar, la próxima vez que algo nos saque de nuestro eje, qué parte de nosotros toma la palabra: la que quiere ganar, la que quiere huir o la que, con algo más de calma, recuerda quién es y quién quiere ser. Y cómo quiere sentirse en su interioridad antes del paso final, el morir.
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Miryan Wodnik Valdés
Colegiada nº M-15316, Colegio Oficial de la Psicología de Madrid






